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caricatura

Caricatura: rasgos históricos y estéticos

Según el diccionario Gran Larousse, una caricatura es una “deformación grotesca de una persona por la exageración voluntaria, con intención satírica, de los
rasgos característicos del rostro o de las proporciones del cuerpo”. Pero la caricatura puede abarcar
o no estas características sin dejar de serlo. También es la interpretación de los rasgos psicológicos de un personaje y, a veces, la representación satírica de una costumbre, de una época o de un
momento histórico.

La palabra caricatura viene del vocablo italiano caricare, que significa “cargar”.

Es un término inventado por Leonardo da Vinci, que fue el primero en utilizarlo explícitamente en algunos de sus dibujos. Lo que no quiere decir que Leonardo haya inventado la caricatura ya que ésta existe desde siempre, mejor dicho desde que el hombre ríe, sino que él simplemente acuñó el término.

Al contrario de las ideas inculcadas sobre las actitudes bestiales de los hombres de los tiempos prehistóricos, hoy sabemos que eran hombres sencillos capaces de reír verdaderamente. Sin la risa no hubiesen podido manifestar con tal fuerza y determinación sus representaciones.

La caricatura existe entonces desde la prehistoria, desde que los hombres supieron y quisieron enseñar sus cualidades gráficas e intelectuales. Algunos de ellos tuvieron una visión no realista o transfigurada de sus semejantes y del mundo que los rodeaba; una visión irónica, deformadora o
humorística. Sin embargo, el desarrollo de la caricatura se da en pueblos de cultura avanzada, donde el
pensamiento es capaz de introspecciones agudas y de profundos comentarios sociales. Es por ello que las primeras caricaturas se conservan en papiros egipcios en donde, por
ejemplo, los personajes son representados con cabezas de animales.

Esta especialidad se mantuvo a través de los tiempos y culturas y es lo que en la actualidad algunos caricaturistas denominan
“zoocaricatura” o “animación”.

El avance de la conciencia crítica condujo a la sátira¹ mitológica y a la caricatura de los dioses. Pero la verdadera idea caricaturesca tiene su raíz en la cerámica ática del siglo V, en la que se representan alegres convidados, borrachos, bailarines zambos y personajes en los momentos
más embarazosos de la vida fisiológica. En este período aparece la caricatura de hombres ilustres reducidos a monstruosos homúnculos, con enormes cabezas sobre unos cuerpos minúsculos y
deformes.

Los griegos también practicaron la caricatura. Existen retratos cómicos y piedras grabadas caricaturales llamadas grillum², formas que también se encontrarán en el arte románico catalán, las
pinturas persas, chinas, mayas, entre otros.

Las catedrales góticas lucen en sus fachadas numerosas “gárgolas”, que tanto pueden ser atribuidas a una visión humorística de la humanidad en general (humorístico-terrorífica) cuanto a caricaturas personales con “víctimas” más o menos determinadas.
En el período griego y en la tradición romana se destacan también las invenciones y
representaciones cómicas.

Las representaciones de enanos que tienen origen alejandrino, se repiten en Roma en numerosos bronces y pinturas. Estas figuras cómicas continúan en la Edad Media, pero desaparece en ellas el real sentido caricaturesco; quedan en las decoraciones de las antiguas iglesias cristianas los motivos del mundo grotesco³ y las representaciones cómicas simbólicas con sobreentendidos espirituales, que ya
encontramos en el mundo antiguo prehelénico, adaptados a la nueva concepción religiosa.

Las infinitas representaciones de escenas triviales, que sirven de contrapunto en los templos cristianos a la seria compostura del grande arte, son puras diversiones, privadas de toda intención crítica o caricaturesca, mientras que en las fantasiosas representaciones del demonio, o en otras invenciones horripilantes, es clara la intención de hacer mella en el espíritu popular con la simbólica representación del mal, o de lo feo, en contraposición a lo bello, a lo puro.

Lo grotesco se desarrolla durante toda la Edad Media en Francia y en los países nórdicos, pero es tal vez en Inglaterra y en España donde encontramos una gama interminable en las
decoraciones de las iglesias y, sobre todo, en los textos miniados y en las sillerías de los coros. Una moda que se difundiría a otros países europeos es la de formar la primera letra de algunos
manuscritos con figuras fantásticas de animales o caras humanas. Otras representaciones grotescas
medievales tienen por objeto las historias de Adán y Eva, la lucha de David con el león (manuscrito anglosajón del siglo XI), las inspiradas en el famoso Roman de Renard y la importante obra literaria de François Rabelais que posibilita iluminar la cultura cómica popular de varios milenios hasta el Renacimiento.

Lo grotesco propiamente dicho dura hasta fin del Renacimiento, en que llega a ser el símbolo de una nueva concepción del mundo, pero no es todavía caricatura en el sentido en que la
entendemos actualmente. Esta dará sus primeros pasos en el siglo siguiente y se afirmará sobre todo en el siglo XVIII y más tarde a consecuencia de las condiciones sociales y del espíritu enciclopedista
que constituye el principio, la causa de aquellas reformas.

Arte y Caricatura
Leonardo da Vinci inventó el término “caricatura” pero casi todos los grandes pintores han sido, en mayor o menor medida, caricaturistas. Excluyendo, por supuesto, a aquellos que estaban desprovistos de sentido del humor. En cuanto un pintor lo poseía —aquí se aclara que el humor puede ser negativo, pesimista, negro, serio, sin dejar de ser humor—, una cierta forma de caricatura quedaba implícita en sus obras. Y en esta apreciación incluimos desde Velásquez a Picasso, pasando por Brueghel, Goya, etc.

Francisco de Goya fue un artista que abrió nuevos horizontes en España respecto a lo cómico,
introduciendo el elemento fantástico y explotando en sus creaciones el absurdo. Aúna a la alegría, a la jovialidad, a la sátira española de los buenos tiempos de Cervantes, un espíritu mucho más
moderno, el amor a lo inasible, el sentimiento de los contrastes violentos, los espantos de la naturaleza y de las fisonomías humanas extrañamente animalizadas por las circunstancias.

“El gran mérito de Goya consiste en crear a lo monstruoso verosímil. Sus monstruos han sido viables, armónicos. Nadie se ha aventurado como él en la dirección del absurdo posible. Todasbesas contorsiones, esas caras bestiales, esas muecas diabólicas están imbuidas de humanidad… la línea de sutura, el punto de unión entre lo real y lo fantástico, es imposible de aferrar”. (Baudelaire, 1998: 123).

En Inglaterra hay que destacar a William Hogarth (1697-1704) como uno de los artistas más destacados del siglo XVIII. Hogarth aceptó la idea del arte como lenguaje y se arrojó ávidamente sobre las posibilidades que ofrecía para la creación de caracteres con los cuales poblar su escenario

imaginario en donde se mezclan además lo siniestro, lo grotesco, lo violento y lo cómico.clásico y las historias de animales que realizan acciones humanas.

Por Lunfa de Polema Fetería y Sucundún

Definirse, denotar no es más que limitarse a parecer lo que deseamos ser.

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