Categorías
Literatura

Flor Nueva de Romances viejos

Se ha dicho que España es el país del Romancero…

los romances son poemas épicos líricos breves que se cantan al son del instrumento, sea en danzas corales, sea en reuniones tenidas para recreo simplemente o para el trabajo en común. Pero esto no es nada especial en España; otros países tienen narraciones épico-lírico muy análogas. la francesa por ejemplo son tan semejantes que varios de los editores modernos adoptan el hispanismo Romanceropara denominar las colecciones de cantos de Champaña, de Forez o de Francia en general; las baladas inglesas y escocesas han sido tenidas por congéneres de los romances desde Percy desde Southey, Longfellow hasta hoy; comparables son a los romances españoles las viser de Suiza y Dinamarca, los cantos narrativo del norte de Italia, de Alemania, de Serbia, de Grecia, de Finlandia…; Y, sin embargo, España es el país del Romancero.

El extraño que recorre la península debe traer en su maleta, según consejo de cierto viajero entendido, un Romancero y un Quijote, si quiere sentir y comprender bien el país que visitó. ¿Por qué entonces de tal modo los romances son una creación literaria original y representativa del pueblo donde nacieron mucho más que lo puedan ser los cantos épicos- líricos de otros países?

Los romances más viejo que conocemos datan por lo común del siglo XV, a todo más, alguno remonta al XIV; la misma fecha alcanzan las baladas inglesas hola canciones narrativas francesas; parecen todas fruto de la misma época. Pero sí a primera vista esta nos inclinaría a pensar que no existe diferencia notable en cuanto a los orígenes, hayamos enseguida una muy importante al descubrir en el Romancero entronque con la poesía heroica. varios pueblos europeos tuvieron una vieja poesía heroica que cantaba hazañas históricas o legendarias para informar de ellas al pueblo. Pero en el carácter de esta vieja poesía en sus relaciones con la canción épico lírica observamos grandes diversidades.

La antigua epopeya española se distingue de las otras por tener un campo de inspiración más moderno que todas. Mientras la épica germánica arremete con asuntos de la Edad de las invasiones mientras la francesa deja de inspirarse en la historia con la época carolingia hacia el siglo IX, en cambio, los temas conservados en la épica española van desde el siglo VIII, con el rey Rodrigo, hasta el siglo XI con el Cid, y aún hasta él XII, con Alfonso VII, y el rey Luis de Francia. Esto quiere decir que España se manifiesta más tenaz, más tradicionalista en mantener en la actualidad un viejo género literario.

Y más tradicionalista se muestra todavía en retener los restos de la epopeya, cuando ésta llegó a agotarse. Desde la segunda mitad del siglo XIX, lo mismo Francia que en España, las invenciones y refundiciones de los poemas épicos de caían notablemente; los juglares o cantores de profesión, van olvidándolos. Pero mientras en Francia le olvidó fue completo, en España el pueblo recordó persistentemente muchos de los fragmentos más famosos y los cantó aislados. Algunos romances más viejos no son otra cosa que un fragmento de poema, conservado en la memoria popular; por ejemplo El Romance de las quejas de Doña Lambra, no es más que un trozo separado de la segunda Gesta de los Infantes de Lara: una breve escena en la que Doña Lambra. pide a su marido venganza de la afrenta que sus sobrinos le acaban de hacer.

La mayor parte de las veces el fragmento de épico no queda así intacto. Al ser arrancado de su centro de gravitación, tiende a olvidar los antecedentes y consiguientes que tenía en la acción total del poema, tiende a tomar vida independientemente.

La gran masa narrativa a desgajarse del conjunto de la Gesta toma sustantividad y vida aparte.

A menudo se repite este caso en la Génesis de un romance. Se parte de una escena desgajada que contiene amplios pormenores narrativos: pero éstos, como pierden su interés al perder su conexión con el conjunto épico narrativo, tienden a desaparecer o a transformarse.

Entonces la escena desgajada se reorganiza para buscar en sí misma la totalidad de su ser; al rodar el episodio fragmentario en la memoria, en la fantasía, en el recitación de varios individuos y generaciones se olvidan se olvidan detalles objetivos interesantes en un fragmento breve, y se desarrollan añaden, en cambio, elementos subjetivos y sentimentales; la poesía cambia de naturaleza y en vez del estilo épico, donde predominan las imágenes objetivas y la narración, o bien toma el estilo épico lírico que dibuja la escena en fugaces rasgos de efectiva emoción; otrora, el estilo dramático-lírico, donde predominan los elementos díalogísticos; en ambos casos el relato desaparece en gran parte o por completo, para dejarlo dar a la impresión rápida y viva de una situación dramática.

Bajo esta forma nueva perduran en el Romancero multitud de figuras de la epopeya nacional: Bernardo del Carpio, que pelea por la libertad de su padre y por la liberación de su pueblo; El conde Fernán González, que revuelve airado su caballo salpicando al rey con el agua y la arena del vado de Carrión; Gonzalo Gustioz, cuando con lágrimas en los ojos limpia el lodo y la sangre en que vienen en bolsa las cabezas de sus hijos; Mudarrillo, bajo el sol de la calurosa fiesta castellana, saludando a su enemigo mortal, sin conocerlo; la preferida infanta Urraca, turbando con impudicas quejas la agonía de su padre; el Cid, que sobre su caballo Babieca alcanza las pisadas de la ligerísima yegua del Rey Búcar.

Y no perduraron en el Romancero tan sólo los héroes nacionales. Zapatos español háganse también a Carlomagno, y como restos del poema del poema español a Roncenvalles, otros así imitados por las <Chasons de geste> francesas, se conservan en el Romancero multitud de episodios carolingios: Carlomagno rodeado de todos sus paladines; Roldán, que en desmesura arrogante se niega a henchir con el sonido de su trompa los valles del Pirineo por donde pueda llegarle socorro del Emperador; el rey moro Marsin, fugitivo en una cebra, tiñendo con el rastro de su sangre las hierbas del campo; la infeliz esposa de Roldán despertando despavorida en medio de la corte de sus trescientas damas, que para ella tejen el oro y tañen los dulces instrumentos; la linda Milisenda, cuya carne de leche y labios de coral se estremecen en el más violento frenesí amoroso.

Estos temas del Romancero español son enteramente excepcionales. Por ellos el Romancero se distingue del Canto narrativo tradicional de las demás naciones.

Por Lunfa de Polema Fetería y Sucundún

Definirse, denotar no es más que limitarse a parecer lo que deseamos ser.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .