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El Mester de Clerecía Gonzalo de Berceo

El Mester de Clerecía.

En el ámbito castellano nace en el siglo XIII como el primer movimiento culto español. Se crea a raíz del Prerrenacimiento, nacido en Italia y Francia un siglo antes. Algunas circunstancias sociales colaboraron en su nacimiento: desde la victoria cristiana en Navas de Tolosa, en 1212, la guerra va cediendo paulatinamente, posibilitando el crecimiento urbano y la creación de universidades -la primera, en Palencia se funda precisamente entre 1212 y 1214-, que se suman a los monasterios como foco irradiador de cultura al que se acoge el mester. Además la ruta jacobea es también atracción para nuevas ideas; y en el IV Concilio de Letrán se promueve, de un lado, la necesidad de que los clérigos se culturizasen y, de otro, se invita a la evangelización en lenguas romances.

El nombre y sus rasgos definidores le vienen de la estrofa segunda del Libro de Aleixandre, donde se destacan varios conceptos claves: Mester sen pecado (…) de clerecía, se refiere a que es una escuela eminentemente digna y moralizante, desvelando su carácter didáctico -en oposición a la índole noticiera de la juglaría- y ligada a la condición de saber eclesiástico, es decir, culto: en contraposición a la base tradicional de la juglaría, el de clerecía bebe en las fuentes cultas latinas. Además aparece una conciencia de autoría que
no tiene sentido en la tradicionalidad de las composiciones juglarescas.

Cuaderna vía, como gran maestría, es muestra de la voluntad artística de estos autores, opuestos al anisosilabismo y descuido del mester de juglaría. En efecto, la cuaderna vía -también llamada tetrámetro, tetrástico y tetrástrofo monorrimo- se
compone de cuatro alejandrinos monorrimos en consonante. Este metro se importó del Roman de Alexandre francés, de la segunda mitad del XII. Éste, a su vez, lo tomó del Aleixandreis, en latín, que era usado como libro de docencia. Con todo, no todas las
obras del mester tienen esta estrofa, especialmente en el siglo XIV.

La extensión del mester es variable según la crítica: mientras que Deyermond y López Estrada mantienen que sólo las obras del XIII son de la clerecía, Menéndez Pidal sostiene que también las del XIV han de incluirse bajo esta etiqueta. Sí es cierto que las diferencias entre las composiciones de un siglo y las de otro muestran rasgos distintivos; de ahí que no sea tan fácil alegar la segunda estrofa de nuestro Aleixandre como una suerte de poética del mester de clerecía: O Mientras que en el XIII hay mayor regularidad de la cuaderna vía, en el XIV hay una
mayor heterogeneidad con la aparición de letrillas, pareados, trísticos,… O Las del XIV introducen elementos líricos, en oposición a la absoluta predominancia de lo narrativo del XIII. O El didactismo, claro al principio, se va haciendo cada vez más ambiguo. O La heterogeneidad de fuentes es mayor por momentos.

Berceo. Los clérigos y su Mester.

En el siglo XIII nace una nueva escuela erudita cultivada por clérigos (todo hombre culto iletrada que poseyera educación latina eclesiástica): el saber se encontraba refugiado en los monasterios siendo patrimonio de los clérigos. [Clerecía es sinónimo de saber]

Los clérigos descendieron al cultivo de la lengua popular para difundir sus saberes. Esta escuela culta coexistió junto al mester de jugaría y otras escuelas líricas.

Similitudes con mester de juglaría: mismo idioma, mismo público, temas similares, vulgarización de temas religiosos. Una juglaría de lo divino, contrarrestando al juglar profano.

Berceo escribe para el mismo público que escriben los juglares; no se derive en lo extraño ni en lo rebuscado. Si bien el lenguaje es culto, selecto y cuidado en contradicción a los juglares, puede deberse al avance natural, a la vez que intencional, de la familiaridad lingual intrínseca de los juglares (sencillos, llanos y vulgares). Se sostiene el uso de comparaciones y expresiones pintorescas, dejando el latín para usar romance, poniéndose al nivel del pueblo. Es un relato más elevado que la épica.

Son temas eruditos que no han sido tomados de la observación ordinaria, a los que no se tiene acceso sin una dedicación estudiosa.

Un elemento innovador es el didactismo: comparaciones de prácticas de los labriegos, locuciones campesinas, utensilios domésticos, refranes: por ello sus temas universales adquieren el sabor de la realidad inmediata, cual paisaje habitual de locación familiar, gracias a su estilo creativo y peculiar.

Al servirse de modelos latinos similares, no inventa, crea asuntos, sino que vulgariza difundiendo el romance las historias marianas. a veces ayude a un libro modelo y se detiene en detalles que no posee; modifica, amplifica y enriquece sus modelos vistiéndolos con los rasgos de las costumbres de su región. Escoge matices precisos, motivo populares, expresiones pintorescas para la comprensión de su vulgo sencillo. Humaniza y da plasticidad, da saber de cosa próxima y vívida a lo que cuenta. Es gráfico y familiar.

Valbuena Prat: “primer poeta constante presencia del poeta en la narración y presencia del público: inmediato y atento a su palabra. Presencia física: Berceo dirige el curso de sus historias en primera persona como un predicador.”

Su mejor recurso es el de bajar el cielo a lo vulgar y tender un puente de familiar comunicación entre el oyente y sus palabras. todas esas llamadas a un oyente inmediato, apelan a una situación real. Berceo se preocupa por el espectador oyente, a quien trata de introducir en el propio relato.

La afirmación del yo en la obra representa un adelanto considerable en la técnica de la poesía española. el autor ya tiene conciencia de sí mismo, ya no se oculta como el trovador de la época popular tras el protagonista de la obra. Se crea una situación nueva para dejar la anonimia. Esta presencia del Yo, se acentúa en la introducción, porque establece la paternidad de la obra y se construye en el protagonismo humano.

Gonzalo de Berceo es el primer escritor de la lengua castellana del que se poseen no pocas noticias relativas a su vida, gracias, en parte, a la información suministrada por él mismo en varias de sus obras. se desconocen las fechas exactas de su nacimiento y de su muerte aunque se cree que nació con anterioridad a 1196, y murió después de 1252. Por consiguiente, es posible que alcanzas el edad cercana a los sesenta años.

El lugar de su nacimiento de exactitud en el conocimiento, ya que el propio poeta lo declaran el penúltimo verso de su hagiografía de San Millán, donde cita expresamente que fue natural de Berceo.

En el viejo Monasterio, cuya fundación se atribuye a ese Santo, en el siglo VI, Monasterio llamado <de Suso>, o <de arriba>, para diferenciarlo del de <Yuso>, o de abajo, que se funda en el XI, se educó Gonzalo de niño, según atestigua en el alejandrino que precede al que se aludió en macroproposiciones anteriores. Se postula qué habría sido escolar en los estudios universitarios de valencia durante el quinquenio entre 1222 y 1227, y que allí obtendría el título de <maese>, título al cual refiere en los Milagros de nuestra Señora, siempre y cuando la palabra maestro no ayuda a sus funciones como maestro de confesión. Funciones documentadas.

Por ende si su obra literaria es de consabida función didáctica cabría la posibilidad de que fuesen empleadas en su tarea de maestro para los alumnos especialmente, los que cursaban la etapa del noviciado.

Gonzalo de Berceo no fue Monje del Monasterio de San Millán de <Suso>, sino un clérigo secular que estuvo muy vinculado al Monasterio donde inicialmente había ejercido como diácono. Luego revisa diversas tareas en aquel cenobio preste como funcionario de maestro en la doble acepción y colaborador del Abad Juan Sánchez en cuestiones de índole notarial.

Acompañándola con los empleos de descritos, elaboraría en San Millán su obra poética, la cual es de estricta índole religiosa, y consta de nueve poemas, así como de la traducción Castellana de tres himnos latinos, que se dividen en tres grupos: el hagiográfico, el mariano y el doctrinal.

A tenor de las especificaciones subgenéricas de la producción berceana, puede confirmarse que a la vez que es una, es varia. Varia por los subgéneros diversos en los cuales se encauzó contenidos diversos de los escritos; pero una, por unitaria virtud de la exclusividad religiosa que no se limita al entramado narrativo en atributo de la plegaria, sino porque toda su obra está orientado hacia el camino de la salvación del hombre de una manera muy directa, tienda los milagros de nuestra señora la creación poética del riojano donde se evidencia al máximo esta cualidad.

Los Milagros de Nuestra Señora son 24 relatos que narran otros tantos Milagros atribuidos a la Virgen María. Narraciones precedidas de una introducción que conforma uno de los pasajes más brillantes y originales de la producción berceana, que en el total de las cuadernas del conjunto de la obra asciende a 911, lo que hace de este libro mariano el más extenso de lo que compuso el clérigo emilianense. Se ocupó la confección del texto de los Milagros durante al menos dos lustros, pues se ha podido precisar que antes de 1246 ya trabajaba en esta obra en la que aún no había puesto punto final. Pudo inspirarse en obras como Legenda Áurea de Jacobo Vorágine, Speculum Historiale de Vincent de Beauvais, Les Miracles de Notre-Dame, de Gauthier de Coincy, fueron también aducidos como posible punto de partida.

Teoría del Milagro

El término <milagro> puede ser enfocado desde un prisma religioso, teológico, y desde la literatura, como subgénero narrativo.

Dos grandes personajes occidentales del siglo XIII, rigurosamente coetáneos, Tomás de Aquino y Alfonso X el Sabio, trataron de precisar qué ha de entenderse por “milagro”. Según el teólogo italiano, el milagro requiere que los testigos desconozcan las causas del mismo y que este hecho extraordinario, amén de orientarse a un fin sobrenatural, sea contrario al curso de la naturaleza. El monarca castellano, por su parte, en una de las normas legales de las Partidas, exigía cuatro condiciones para la acreditación del milagro: que tenga lugar en virtud del poder de Dios; que sea <contra natura>; que aparezca en gracia de la santidad de quien lo hace o por mor de quien es hecho. El cuarto requisito demanda que se produzca para confirmar la fe.

Desde la perspectiva literaria, el milagro mariano, conforma una modalidad de relatos muy definida. Se trata de una narración emparentada con la hagiografía, efectivamente, pero se diferencia de ella por varias razones, entre la que destaca la disímil función de los textos relativos a la Virgen, en los que el factor maravilloso se compagina con el histórico y en los que el fin esencial no radica en mover a los lectores u oyentes a emular el comportamiento de un santo, sino que reside en a moverlos hacia las alabanzas de María y en convertirlos en sus devotos. Otro distingo entre esta clase de Milagros y los operados por mediación de un santo escriba en que los primeros son teológicos, orientándose a la salvación del pecador. en cambio la mayoría de los milagros realizados por ejemplo usan Millán o por Santo Domingo de Silos son traumatúrgicos, con repercusión física curacional.

La devoción a la Virgen se fundamenta en el concepto de corredentora, el cual fue sustentado principalmente por San Ildefonso.

Estructuras y clases de Milagros

Los Milagros de Nuestra Señora se componen de dos partes, una introducción que abarca desde la cuaderna 1 a la 47, y un conjunto de 25 relatos, los cuales comprenden desde el tetrástrofo 48 al 911.

En la introducción pueden apreciarse dos momentos: hasta la estrofa 15 se desarrolla una alegoría que concibe la vida como un peregrinar en cuyo transcurso encuentra el hombre un Prado salvífico, la Virgen. A partir de la 16 se que se subsumen está alegorización mariana.

Tocante a la estructura de las narraciones, hay en ellas, y salvo alguna excepción, dos elementos esenciales, que no cambia, y otro que sí varía. El primero lo representa la Virgen. El segundo la anécdota específica de cada relato, anécdota en la cual toca distinguir tres momentos: tentación del diablo, caída del hombre y salvación por medio de María. Esta secuencia trimembre, puede o no, estar precedida por una suerte de pórtico y rematada por un epílogo.

Por Lunfa de Polema Fetería y Sucundún

Definirse, denotar no es más que limitarse a parecer lo que deseamos ser.

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