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Epistolario no ficcional en Julio Cortázar.

Cartas transcriptas parcialmente debido a su extensión qué forman parte de la correspondencia enviada por el escritor a lo largo de seis décadas compiladas en el año 2002.

Pueden leerse como su autobiografía, eso nos permite conocer al hombre de todos los días y acceder a las circunstancias cotidianas que formaron parte, también, del universo del escritor.

I. UN PROFESOR DE PROVINCIAS.

A Eduardo Castagnino

Bolívar, 23 de mayo de 1937.

Amigo Eduardo:

Ya sé, ya sé. Habrás protestado de lo lindo por mi silencio, ¿no es cierto? Y las reglas de urbanidad ordena en que, a renglón seguido, que yo arre la mulita de las excusas. Pero como sucede que soy un individuo a quien normalidad —ésa, la “social”— como las poesías de Don Arturo Capdevila, no te diré si no que el problema de habituarse a un medio, las pequeña grandes dificultades que se plantean al encarar una nueva esfera de actividad, y todas las zarandajas del caso justificarán sobradamente mi retardo. con decirte que aún me falta escribir a miembros de mi familia… […]

La vida, aquí, me hace pensar en un hombre al que le pasean una aplanadora por el cuerpo. Sólo hay una escapatoria, y consiste en cerrar la puerta de la pieza en que se vive —porque de ese modo uno se sugestiona y llega suponerse en otra parte del mundo— y busca un libro, un cuaderno, una estilográfica. Nunca, desde que estoy aquí, he tenido mayores deseos de leer. Por suerte que me traje algunas cosas, y podré ahora que estoy más descansado, dedicarles tiempo. El ambiente, en y fuera del hotel, en y fuera del Colegio, carece de toda dimensión. Los microbios, dentro de los tubos de ensayos deben tener mayor número de inquietudes y los habitantes de Bolívar, Ayer, como excepción honrosísima y fenómeno increíble, encontré una persona que ha oído hablar de Arturo Marasso. Imagínate, que en tercer año Nacional, no sabían quién era Beethoven, tuve que aclarar una frase en la que incluyera el nombre del músico, convencido de que todos tendrían, por lo menos, un ligero esquema de recuerdo… […]

Bueno amigo, pensándolo mejor, he decidido no pasar a otra cosa y terminar aquí esta carta, que tiene de todo menos de carta. Perdona su aburrimiento, perdona su ramplonería, y piensa que el aire local empieza a surtir su efecto. Quizás, en otros mensajes, logre decir algo. Y si aquello de: ” La Intención basta” te es simpático, déjame que lo aplique aquí y mi consciencia habrá quedado tranquila.

Mis saludos a tu esposa, a quien te ruego de la dejas una vez más su gentileza para conmigo. Y para ti, oh mártir de mis efusiones líricas, un apretado abrazo de Julio Cortázar.

Mi dirección —hasta nueva orden— es hotel la Vizcaína, Bolívar, EC Sud. […]

II LAS PUERTAS DE PARÍS

A Fredi Guthman

París 12 de mayo 1953

Mi querido Freddy;

Me creerás un ingrato por este largo silencio, pero tal vez te hallan llegado noticias de algunas cosas que me ocurren. Algunas son buenas, y otras malas; la proporción de siempre. […] Las malas son que me puse la Vespa de sombrero, para no matar a una vieja idiota que se me cruzó en una esquina cuando yo cruzaba con todo derecho y luces verdes; resultado, qué dice la maniobra durca para no matarla, la agarré de costado, me hizo volar la Vespa por el aire, y los 60 kilos de fierro me cayeron en encima, reducir a un sándwich el asfalto y el scooter.

Resultado, la cara rota y una doble fractura de la pierna izquierda. Esto pasó hace un mes, el 14 de abril. La policía me llevó al Cochin, y durante 18 días mortales aguanté una sala común, con todo lo que eso supone y te podrás imaginarte bien. Lo pasé muy mal, con fiebres de 40 grados, porque tenía tan brutal en la pierna estaba tres veces más grande que la otra. Era bastante trágico. Por suerte Aurora (un nombre justícisimo para ella y para mí) me acompañó maravillosamente, y Daniel se portó como un gran amigo, y se ocupó de las mil cosas que quedaban en el aire. […] A todo esto, conseguimos dos piezas y una cocinita en una meubé de la rue de Gentilly, cerca de la Plaza d’ Italie. […] Te imaginarás que el moblaje es apenas lo esencial, pero nos alcanza perfectamente por ahora.

Julio

III COSAS DE CRONOPIO

A Francisco Porrúa

París, 25 de Julio, 1629

Ayer por la mañana llegaron los cronopios. Petulantes y maligno como siempre, convencieron a la portera de que descargara unos golpes terribles en la puerta de casa, a la hora en que Aurora y yo dormíamos con ese encanto especial que tiene el sueño después que sonado el despertador y uno está seguro de que va a llegar una hora tarde a la oficina. Tu carta, en cambio, apareció sigilosamente por la tarde, y se metió por su propia cuenta debajo de la puerta. Y así la fiesta fue completa, y en casa hubo extraordinarias aperturas de botellas y una alegría Mila que sólo faltaba Sara, y vos y Esteban. Maldijimos minuciosamente el Océano Atlántico, a Pedro de Mendoza, “y al tiempo de que de amigos es el tajo”. Pero lo mismo que estábamos contentos, y había cronopios por todos lados en la Place du Général Beuret.

Che, de veras eso es un libro. Nada de plaquetas, realmente un libro. Uno lo agarra en la mano y pesa, vale por sí mismo, se defiende. Ha quedado estupendo, y los defectos que pudiera señalarte probablemente lo conoces mucho mejor que yo. Protesto por haberme reducido “J. Cortázar” en el lomo. Qué amarrete es este Minotauro. cada vez que miro el libro por el lado del lomo me quedé muy asombrado y me pregunto: ¿quién será ese J. Cortázar? Suena tan raro, no que parece. La culpa es mía por no haberte expuesto mi teoría de que los libros están muy mal definidos por el idioma, y que lo que llaman el lomo no lo es en absoluto sino que es la casa del libro, su parte más importante y más viva. Vos fijate que apenas lo pones en la biblioteca, lo único que queda del libro dice el mal llamado lomo. […]

Bueno, por supuestotodo lo que me decís en tu casa sobre Rayuela me ha dejado tan conmovido que no intentaré siquiera darte una idea. Lo que pasa es que sencillamente esto (pero todo esto es lo único que cuenta de veras para mí): tu reacción ante el libro es mi propia vivencia de todo eso. Esas palabras que empleas, “un enorme embudo”, “el agujero negro de un enorme embudo”, eso es exactamente Rayuela, es lo que he vivido todos estos años y he querido tratar de decir —con el terrible problema de que apenas esas cosas se dicen, hasta el mal entendido, todo el horror del lenguaje (“las perras negras” –las palabras–) que preocupa en Morelli… […] Le dije a Aurora “ahora me puedo morir porque allá hay un hombre que ha sentido lo que yo necesitaba que lector sintiera”. El resto será malentendidos, idiotez, elogios, la feria de siempre. Ninguna importancia. Y lo que en el fondo más me ha gustado es que hayas tenido el deseo de tirarme con el libro por la cabeza. Pero claro, Paco. Pocas veces se ha podido ser tan insoportable, tan exasperante como creo que los hoy en algunos momentos. Lo sé de sobra y me atengo a las consecuencias.

Más adelante, el libro se edita, querré tus críticas concretas, y sé que no me escamotearás nada de lo que pienses. ahora me quedo con el enorme alivio de saber que cuatro años de trabajo valían de algo.

No te puedo decir nada más. Escribime alguno de estos días y gracias por todo, un gran abrazo a Sara y otro para vos de Julio

Aurora lee por sobre mi hombro—estas mujeres— y me moja una oreja con un beso para ustedes.

IV HACIA LATINOAMÉRICA.

A Leopoldo Marechal

París, 12 de julio de 1965

Muy estimado Marechal

[…] Gracias por su mensaje tan cordial. Creo que tiene usted razón, porque lamenta haber tardado tantos años en enviarme unas líneas; lo lamento profundamente en la época en que usted público Adán Buenos Aires, pero también pensé que usted tendría sus razones para no decirme lo que dice ahora. Por otra parte, ¿que importa el tiempo? lo único bueno del recibir en cualquier momento de la vida una carta como la suya y a pensar que valía la pena al roto una lanza en su día por una obra admirable e incomprendida.

Me alegra de verdad que Rayuela signifique algo para usted, porque para mí es la prueba de que esta tentativa ha cuajado, por lo menos parcialmente. […]

Me divierte a pensar que Horacio Oliveira se ha juntado alguna noche con un grupo de porteños que vagan por los suburbios, y que lo han recibido como a un amigo. Me conmueve y me divierte imaginármelo junto a ellos asistiendo al glorioso encuentro del taita Flores con el malevo Di Pascuo, saboreando hasta las lágrimas el zapatillazo del pesado Rivera en la cabeza de Samuel Tesler. No cualquiera, creo, tiene entrada al velorio del pisador de barro. Yo agradezco por Horacio, y miro por sobre su hombro.

Hasta siempre, Marechal, con un gran abrazo de su amigo.

Julio Cortázar.

V OTROS CIELOS

A Herminia Descotte de Cortázar

París, 23 de marzo de 1981

Querida mamá:

Espero que estas líneas te lleguen en el día de tu cumpleaños llevándote mi cariño de siempre y mis mejores deseos de tranquilidad y salud. Hubiera querido enviartelas hace dos o tres días para estar seguro de que te llegarán a tiempo, pero se me cruzaron bruscamente un par de cosas inesperadas que me obligaron a salir a la calle y de carne durante casi dos días a trabajar como loco. […] En fin, ahora Carol y yo estamos de vuelta en casa, aunque dentro de dos días nos vamos a Madrid y a Roma por 15 días. En Madrid hay una reunión de la comisión Argentina por los derechos humanos y yo tengo que hablar; en Roma se reúne el llamado Tribunal de los Pueblos, y tu hijo también tiene que subir a la tribuna. ¿Comprendes hasta qué punto me falta a veces tiempo para escribir, ya sea libros o simples cartas? Y hablando de cartas, ví lo que me decías en la última, y tengo la impresión de que vos y yo nos comprendemos perfectamente sobre ese punto, y que si Ángel las convierte en humo como decís, tanto vos como yo nos vamos a quedar tranquilos. lo que teníamos que decirnos en nuestras cartas, y a lo largo de tantos años, fue dicho, y los dos recibimos nuestros mensajes que eran solamente para nosotros. ¿Qué razón hay para dejarle a otros esas cosas que fueron nuestro diálogo de madre e hijo y de hijo y madre? [….] De modo mamita, que si seguís pensando que es mejor quemar esos papeles, no dudes ni un minuto, porque yo te acompaño en eso como en cualquier cosa. […]

De cada apartado compartí una carta correspondiente.

Por Lunfa de Polema Fetería y Sucundún

Definirse, denotar no es más que limitarse a parecer lo que deseamos ser.

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